Trastorno del Espectro Autista

 

El autismo, mejor conocido como Trastorno del Espectro Autista (TEA) es una afección relacionada con el desarrollo del cerebro, afectando la manera en la que un individuo percibe y socializa con otras personas, lo que causa problemas en la interacción social y la comunicación; afecta a las habilidades y competencias cognitivas, emocionales y sociales.

El término «espectro» en el trastorno del espectro autista se refiere a un amplio abanico de síntomas y gravedad.

El TEA comprende afecciones que anteriormente se consideraban independientes, como el autismo, el síndrome de Asperger, el trastorno desintegrativo infantil y una forma no especificada de trastorno generalizado del desarrollo.

Algunas personas aún utilizan el término «síndrome de Asperger» que generalmente se consideraba una presentación leve del TEA.

Síntomas del Autismo

 

El TEA comienza en los primeros años de la infancia y, a la larga, provoca problemas para desenvolverse en la sociedad, por ejemplo, en situaciones sociales, en la escuela y el trabajo.

Sus manifestaciones son principalmente cognitivas y comportamentales de gravedad variable, caracterizado por disfunción temprana en la comunicación e interacciones sociales, presencia de comportamiento repetitivo, restrictivo, estereotipado, y pérdida de interés en distintas actividades.

Adicionalmente, se acompaña frecuentemente de impedimentos en la función adaptativa, desorden de procesamiento sensorial, agresión o autolesión.

 

¿Que complicaciones tiene?

Los problemas con las interacciones sociales, la comunicación y la conducta pueden dar lugar a las siguientes complicaciones:

  • Problemas en la escuela y de aprendizaje.

  • Problemas laborales.

  • Incapacidad para vivir de forma independiente.

  • Aislamiento social.

  • Estrés en la familia.

  • Victimización y ser objeto de intimidaciones.

¿Cuando comienza?

Los niños suelen presentar síntomas de autismo en el primer o segundo año.

Un número reducido de niños parecen desarrollarse de forma normal en el primer año y luego pasan por un período de regresión entre los 18 y los 24 meses de edad, cuando aparecen los síntomas de autismo.

Condiciones médicas frecuentemente asociadas con el TEA

 

¿Que otras condiciones médicas acompañan al TEA?

Discapacidad intelectual (DI). Entre el 30% y el 70% de las personas con autismo pueden tener algún grado de discapacidad intelectual asociada, por lo que es importante evaluar esta área.

Convulsiones: La epilepsia aparece hasta en el 39% de las personas con autismo. Es más frecuente en aquellas personas que también tienen discapacidad intelectual.

Trastornos del sueño: Los problemas del sueño son comunes entre los niños y adolescentes con autismo y pueden afectar a muchos adultos. Suelen consistir en dificultades para conciliar el sueño, despertares frecuentes a lo largo de la noche o despertar precoz.

Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH): Existe un solapamiento de la sintomatología característica de este trastorno con alguno de los síntomas del TEA como la dificultad en la planificación y organización (función ejecutiva).

Depresión: Las personas con autismo tienen cuatro veces más posibilidades de desarrollar depresión que la población general y es considerada la afección de salud mental más frecuente en personas con trastornos del espectro autista (TEA).

Ansiedad y Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC): La prevalencia de ansiedad y TOC en niños y adolescentes con TEA es variable, y puede alcanzar el 84% y 37.2%, respectivamente. Además, los trastornos de ansiedad en pacientes con TEA tendrían una frecuencia mayor al doble en comparación con lo observado en niños sanos.

Los trastornos de ansiedad más frecuentes en estos casos incluyen la fobia específica, la fobia social y la agorafobia. 

Casi un 1% de la población mundial es autista y el 99% restante no sabe cómo tratarla

— Brigitte Harrison

 Diagnóstico del TEA

Como el TEA varía mucho en síntomas y gravedad, puede ser difícil hacer un diagnóstico.

No existe un análisis médico específico para determinar este trastorno.

Se puede diagnosticar de manera fiable en niños a partir de los dos años, siendo la intervención temprana beneficiosa para estos pacientes. Sin embargo, la edad promedio para el diagnóstico es entre los tres y seis años.

El diagnóstico de TEA se realiza mediante una evaluación clínica, incluidos historia y observación de comportamientos característicos, preferiblemente utilizando enfoques estandarizados.

Independientemente de la edad, un niño/adulto que es evaluado para TEA debe tener una evaluación estandarizada de las habilidades psicoeducativas, adaptativas y de lenguaje, incluyendo lenguaje pragmático o social.


Signos tempranos del TEA

Dificultad para dirigir su mirada en la misma dirección que otra persona.

Ausencia de atención conjunta.

Ausencia de balbuceo social/ comunicativo.

Regresión en el uso de palabras o frases.

No mira hacia donde señalan.

Ausencia de gestos comunicativos.

Ausencia de juego funcional o simbólico.

Ausencia de palabras o frases simples.

Falta de sonrisa social.

Escaso interés con otros niños.

Falta de interés por juguetes o formas repetitivas de juego con objetos.

Escasez de expresiones emocionales acompañadas de contacto ocular.

Ausencia de imitación espontánea.

No responde cuando se le llama por su nombre.

Ausencia o escasa exploración visual del entorno.

Tendencia a sub/sobre reaccionar a sonidos.

Movimientos repetitivos o posturas del cuerpo, brazos, manos o dedos.

Tono muscular, postura o patrones de movimiento anormales.

Tendencia a fijarse visualmente a ciertos estímulos.

 
 

Agenda una cita

¿Sospechas que tu o un ser querido pudiera tener un TEA? Contacta con un especialista en salud mental.

Anterior
Anterior

Embarazo y depresión

Siguiente
Siguiente

Estimulación magnética transcraneal